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No recuerdo haber puesto la alarma, ¿o si?, no recuerdo mucho, prácticamente nada. Me levanté sin dudarlo, miré mi reflejo en el espejo y casi automáticamente tomé las llaves, la cartera, el teléfono, me puse las botas y salí del cuarto. Sabía que si estaba despierto a estas horas era por que debía encontrar un taller mecánico para reparar los daños de la noche anterior. Lo encontré a un par de kilómetros, gracias a una persona que supo darme las indicaciones en términos comprensibles para esa hora y en esas condiciones. Lo cierto es que eran como las 10am y no estaba tan mal, sólo desvelado y por alguna razón ausente de mi cuerpo, como si la vida fuera un sueño y yo estuviera flotando en él.

Por el precio de 50 pesos mis amigos del taller arreglaron las piezas sueltas y platicamos un rato de  la música y el concierto de la noche anterior. Ellos no tenía ni idea de quién era pero quizá mi aspecto físico les despertó la curiosidad; aún llevaba la ropa sucia y sudada de la noche anterior. Recuerdo la tranquilidad que sentí en ese lugar, por un segundo quise que el asunto durara por siempre. No recuerdo sus caras, más bien me quedé con la imagen de aquellas piernas que se asomaban por debajo del coche mientras reíamos y platicábamos.

Volví a casa del maestro donde todos ya despiertos disfrutaban de una espléndida mañana en Cuernavaca, faltaba poco para que tuviéramos que partir hacia la jungla de asalto. Habíamos planeado salir como a la 1 para llegar al rededor de las 3, ya que los de Cascabel debían llegar a tiempo para tocar. Empacamos nuestras cosas y pronto nos dimos cuenta de que faltaba la guitarra. Esta vez logramos controlarnos con la suposición de que podría estar aún en el Funky Donkey. Rápidamente nos dirigimos al lugar, el resto de los Broccolis se quedaron a disfrutar de la eterna primavera.

Hablamos con nuestro contacto y al parecer abrirían en una hora. Cuando llegamos vimos a través de la puerta de cristal algo parecido a la funda pero no estábamos seguros de nada. La barbacoa de al lado parecía el lugar indicado para esperar. Yo sabía que la guitarra debía estar ahí pero al mismo tiempo me daba igual, ya veríamos como solucionarlo, para mi el sueño seguía. Lo que más recuerdo es el caldo de barbacoa en pequeños vasos de unicel, una deliciosa experiencia, sospechosamente perfecta para la espesura de aquella tarde.

Mientras avanzaba el día menos recordaba, menos recuerdo. Se que me pidieron las llaves para guardar la guitarra, recuerdo cuando la vi por primera vez en un DHL, hace ya unos 9 o 10 años. Poco a poco las demás desaparecieron y sólo esa permanece hasta el día de hoy. Eso si que lo recuerdo, pero del regreso a la ciudad no recuerdo nada, sólo que teníamos bastante prisa. Creo que todo tiene que ver algo con la noche anterior, ¿qué pasó la noche anterior? Llegamos justo a tiempo para dejar a medio cascabel y creo que fui a a dejar a Rafaela, creo que luego volvimos al lugar y la noche comenzó. Estábamos en el festival “Beyond: Psicosis y psicodelia.”

Me dí unas vueltas por la casa abandona, saludé a mis amigos, bebí un par de cervezas mientras pasaban un par de horas y tocaban un par de bandas. No recuerdo mucho, o casi nada. Recuerdo que tocamos bien, o por lo menos nada mal y nos regalaron una comida deliciosa. Después estaba en un sillón entre dormido y despierto con unos chicharrones encima de mi, los cuales protegía para despertar de vez en cuando y llenarme la boca. Recuerdo que estuve jugando con una cuerda y terminé haciendo un nudo corredizo estilo ejecución pública por ahorcamiento. Al siguiente despertar Desentis estaba colgado del techo. Todos reían en la pequeña sala de esa casa abandonada, un grupo de vulgares jóvenes que disfrutan de hacer ruido por profesión, además de beber y comer y fumar y reír, disfrutar de lo absurdo y lo abstracto, de la ironía el sarcasmo y lo grotesco; reflejado sutilmente en la suciedad de esa casa abandonada.

¿Quién habrá vivido ahí? ¿Sabrían lo que en un futuro sucedería en su comedor? Es gracioso que no tenemos la más mínima idea de lo que va a suceder, más allá, en el todo o en la nada. No sabemos qué es, pero aquí estamos, no lo entendemos con nuestras pequeñas y graciosas mentes. No recordamos que todo lo inventamos, lo construimos y lo vivimos. No sabemos que no tenemos el control. No podemos ver que somos un pequeño si en una totalidad del no, un poco de luz y calor en un universo frío y obscuro, un poco de vida fugaz dentro de la eternidad de la muerte. No recordamos y no sabemos con exactitud lo que pasa en el presente, ni tendremos jamás la certeza de lo que trae el futuro y esto nos vuelve totalmente locos, más locos de lo que ya somos; tan locos que ponemos de lado nuestras diferencias con tal de ponernos de acuerdo para fingir que sabemos lo que pasa y pretender que no pasa nada, que todo está “bien”, mientras todos hablamos y hacemos sin saber por qué.

Inevitablemente estamos aquí. Inevitablemente somos. Inevitablemente pensamos y existimos. No por decisión nuestra venimos a este mundo con un potencial exclusivo e inimaginable, mas nos encontramos también con la inevitable verdad de que también somos bestias salvajes de un linaje sangriento, violento y asesino, pero inevitablemente natural. Con la vista adecuada es realmente hermoso… Eso pensaba ahora mismo mientras escribo, mientras intento recordar aquél día, aquél momento cuándo dormía y despertaba, rodeado de amigos y desconocidos, entre el sueño y la realidad en esa casa abandonada, más allá de la psicosis y de la psicodelia.

Fotos por Amaury Barrera Photography