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Bueno… primero lo primero. Saliendo del Barracuda se acercó el sujeto enorme en traje negro para invitarnos a una fiesta en casa de un músico de renombre a quien varios admiramos. Caminamos por una hora entera, quizá más. Él caminaba rápido y en silencio, apenas algunos podíamos seguirle el paso. a los 40 minutos algunos empezaban a desesperarse. Nadie tenía idea de dónde estábamos ni a dónde íbamos. Muchos preguntaban de quien había sido la gran idea de seguir a este desconocido… la verdad es que no importa mucho, ya que si todos estaban ahí es por que todos tomaron su decisión. El sujeto por fin dio la vuelta hacia una casa, la calle estaba en completo silencio excepto por los pasos de la caravana. Subió las escaleras del porche y toco la puerta con su enorme puño lleno de anillos con diamantes. El silencio nos habló por varios segundos. Ya lo sabíamos. El sujeto volvió a tocar la puerta, en ningún momento volteó hacia nosotros. Pasaron otros segundos, una pequeña sonrisa se dibujo en mi cara, de suerte me aguante la risa… es este tipo de situaciones. Es imposible librarse de ellas y aunque son realmente molestas también tienen un lado… no sabría como decirlo. El Sujeto se dio la vuelta en silencio, nos miro a todos a traves de sus lentes obscuros, sacó una cajetilla de su bolsillo, llevó un cigarro a su boca y lo encendió con bastante estilo. Después de un par de caladas dijo: creo que aquí no hay nada.

Así es, la gran noche termina con una gran decepción, pero… ¿y ahora qué? Viajamos varios miles de kilómetros para compartir nuestra música y en eso tuvimos éxito, fue un gran concierto, pero esto también significa que todos desean festejar, beber, ser vistos, reír, ir a una fiesta o a todas las que se puedan. Ahora estábamos en medio de una zona residencial, a una hora caminando de cualquier tipo de diversión. Era hora de aceptarlo, hay que saber ganar y perder. Caminamos hacia la casa de Jason un rato, encontramos una hamburguesería con autoservicio las 24 horas, pero como no íbamos en coche nos negaron el servicio. En vista de tanto fracaso decidimos ir a la segura, pedimos un taxi que nos llevara hacia el Denny’s más cercano. Por lo menos eso salió bien.

Al día siguiente Levy nos había conseguido tocar en el Sahara Lounge, durante el día no paso nada muy interesante, excepto quizá que tuvimos que esperar como una hora afuera de casa de Jason porque alguien de nosotros la cerró y no podíamos entrar por nuestros instrumentos. Llegamos al lugar y todo sucedió sin problemas, todos tocamos y nos divertimos, no había tanta gente pero justo esa era nuestra expectativa. Lo mejor de todo el asunto fue que Levy nos invito a un after en su casa despues de la tocada donde también podíamos echar un jam.

La casa de Levy es como el hoyo funky de Austin; una maravilla, un lugar perfectamente sucio, e impecablemente adaptado para los inadaptados. Estuve un rato charlando con alguien antes de que la música me llamara, primero toque un rato un cencerro y de repente ya estaba sentado en la batería. Que delicia, simplemente una delicia. En un abrir y cerrar de ojos pasaron un par de horas. Salí del cuarto musical y me percaté de que la casa estaba ahora llena de gente… todo tipo de gente. Una verdadera celebración. Lamentablemente ya era tarde y a la mañana siguiente debíamos volar. Así que la caravana se subió a su vehículo espacial y con mis manos al volante rodamos de nuevo a casa de Jason.

Algunas horas después aterrizamos en México… como abrir los ojos después de soñar. La caravana había terminado, pero a la vez no. Varios meses han pasado ya desde esos días, pero afortunadamente tuvimos y tenemos para mucho más. Pronto habrá tiempo para más historias del Plastic Journey tour e incluso para hablar sobre el viaje plástico en sí… de momento tenemos que pensar si es algo, o nada en realidad….